E

l periodista llegó a la plaza Corazón de Jesús de su pueblo Tacarigua y tomó asiento en uno de los bancos, bajo la sombra de un guayacán, desde ahí lanzó la mirada hacia los cerros cercanos y observó que la neblina le había peinado las cabeceras, y fue ahí entonces que los recuerdos se vinieron en tropel, con aquel ambiente decembrino muy típico de su lugar.

Retrocedió el video de su existencia y empezó a observar el cine del pasado de su pueblo y ahí vio como varios parranderos venidos de La Asunción, bailaban la diversión de la Osa, al compás de una música muy pegajosa y con unas estrofas muy originales, una de ellas decía: Salgan para afuera/ y vengan a ver/ que bonita osa/ trae esa mujer/. Porque precisamente al mencionado cuadrúpedo, lo danzaba un hombre disfrazado de mujer, bien trajeada y muy maquillada con colorete.

También se vio cuando un niño, salía hacia la plaza a encontrarse con sus amiguitos, el 24 de diciembre y todos estrenando trajes nuevos, muy contentos, pues también sus amiguitas de la escuela, se paseaban con sus lindos vestidos, y eran todas unas reinas de belleza. “Ah tiempos tan bonitos aquellos”, se dijo.

El pueblo para aquella época era toda una alegría, pues los señores más viejos, quienes se la pasaban todo el año trabajando en sus conucos, dejaban sus aperos de trabajo y se reunían, bebían, conversaban, y se emborrachaban, celebrando que había llegado diciembre, y nacía el niño Dios, que traería mucha felicidad para todos.

Mientras tanto otros hijos del pueblo, que formaron parte de aquella diáspora margariteña de entonces, regresaban para pasar el 24 o el 31 de diciembre con sus familiares, y aquello se convertía en un reencuentro de amigos, bien sea en la plaza del pueblo o en el bar Tropical, de Ismael Ordaz, sitio en el cual se compartían las mejores cervezas del mundo, pues ahí era todo hermandad y amistad, de esas que valen y que jamás son traicionadas.

Eran tiempos de sancocho entre casas y conucos. De parrandas. De regresar los estudiantes universitarios al pueblo de vacaciones, y que al preguntarle: ¿cuándo se gradúan? “Falta poco”, respondían, y los viejos se alegraban y decían: “Eso hay que celebrarlo, muchachos, porque hay que estudiar para ser alguien y vivan mejor que nosotros”. Y entonces brindaban cervezas y ron, y se alegraban de tomar con los estudiantes y emborracharse con ellos.

¡Oh época divina¡ Cuando el conjunto “Los Terribles”, recorría la comunidad con sus cantos originales dedicados al pueblo, a diciembre y al Niño Jesús. Aquello era tan emocionante, que muchos eran los que amanecían con ese grupo musical que recorría calles y vericuetos de un pueblo grande y bonito como Tacarigua.

“En fin, dijo el periodista volviendo a la realidad, el diciembre de otrora era bien bonito, pues ahora el diciembre pasa, como un celaje y como si nadie se da cuenta, o no le da la importancia que se merece un mes como ese donde nació un hombre que vino a pregonar la paz y la justicia entre los hombres y sobre todo de los que menos tienen. De verdad, lo repito, el diciembre de antes era más bonito”.


Lcdo. Emigdio Malaver