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sa preparación a base de verduras, alguna veces de pescado, carne, pollo, y otras veces “cruzado”, sirvió en sus inicios para que quienes faenaban en el campo pudieran tomar de la propia tierra las hortalizas, legumbres y verduras en general para preparar el almuerzo de los trabajadores en el conuco; así nació el tradicional sancocho, como una manera de satisfacer el apetito de quienes labraban la tierra o tenían otras responsabilidades en el campo.

El sabroso sancocho se fue popularizando, y cada vez ganaba más simpatías, porque ya no era solo en el campo, sino que en el hogar de muchas familias, su preparación se fue perfeccionando, ya no con el nombre de sancocho, sino como sopa de gallina, pescado, carne. Un poco más “refinada”, pero siempre con el mismo principio: hacer una preparación del gusto de muchos.

Fue tanto el éxito del sancocho; ya convertido en sopa, que varios restaurantes, hoteles, y casas de familias, lo empezaron a ofrecer dentro de sus opciones gastronómicas, y como una manera de “paliar el hambre” de muchos trabajadores en la ciudad, obreros que sentían, y sienten un gusto especial al comerlo, compartirlo y disfrutarlo.

Pudiera decirles que el sancocho se fue “urbanizando” y de ser una comida del campo, de trabajadores, pasó a la ciudad y se especializó. Ofreciéndose cada día, sobre todo a base de pescado que es el producto que abunda en la isla por nuestra condición marítima.

La preparación de la sopa y el sancocho es la misma, lograr que el pollo, pescado, la carne, los huesos, el lagarto, de la que se elabore tenga un gusto especial, sea del agrado del paladar más exigente, que quien la coma, quede complacido. Pero qué diferencia el: “El Sancocho, de la Sopa”, el contexto en el cual sea elaborado. La sopa se transforma en sancocho, cuando vuelve a sus “raíces”, cuando se prepara en una reunión, en el patio de la casa, en la churuata, con leña, o gas, en la finca, en el conuco, debajo de la mata de mango, en el taller. Y cuando todos los invitados logran colaborar; unos traen la gallina, otros las verduras, unos se dedican a pelar la verdura, un grupo busca la leña, otro se responsabiliza de prepararla, de atender la cocción, mientras los demás se ubican alrededor, o un costado de la llama, en sitio donde se vigila, mientras se va cocinando, y se está muy pendiente de la evolución.

El sancocho recobra su esencia cuando es motivo de cumpleaños, onomástico, o simplemente un compartir, una reunión para contar chistes, hablar, recordar anécdotas. Por eso el sancocho tiene sus épocas, en vacaciones es muy frecuente. Destaca sobremanera en diciembre. Cuando muchos estamos de vacaciones, nos reencontramos con los hermanos, compañeros de trabajos, vecinos, y el sancocho a fuego lento, será un motivo para estar allí hasta el final, hasta que se desprendan los olores, hasta que se consuma.

Son famosos los sancochos a leña, montada la olla sobre unas piedras, o en un fogón improvisado. Los sancochos observados en las ferias de San Juan Bautista. La persona que lo prepara, que asume el liderazgo de estar pendiente de irle agregando los insumos, de atizar la candela, de ver si le falta el punto de sal, el ajo, el ají, cualquier detalle. Con el tiempo se convertirá en un sancochero muy famoso, y cada vez será requerido para preparar este o aquel sancocho, un apetitoso hervido de… ¿?. Como a mí me gusta.

“El cruzado” es una variedad de sancocho que surgió por varios motivos: 1.- Por la necesidad de aumentar la cantidad de sancho, a servir, 2.- Para ofrecer más a los comensales, 3.- Porque inicialmente era muy poco lo que se iba a hacer, y 4.- para “inventar”, “crear algo nuevo”, y convertirlo en divinidad . Un cruzado de costillas con gallinas, todo eso sin alterar el aspecto, el sabor, el gusto de los comensales.

El sancocho se ha convertido así en un motivo para la unión, compartir y recrear, para pasar horas felices, esperando el momento de saborearlo, jugando el dominó, truco, escuchando los chistes, las anécdotas, recordando aquellos momentos. Mientras la llama ablanda, cocina, integra a todos los ingredientes en un suculento hervido, con un caldo exquisito.

Un sancocho para superar el ratón, para restablecer las energías pérdidas, para sudarlo, y ver si el organismo está débil. Un sancocho para integrarnos, para unirnos más. Un sancocho en el río, en la playa, en el campo, la ciudad, para celebrar ese momento, escuchar buena música, y pasar horas inolvidables. Sobre todo en diciembre cuando la amistad y solidaridad, el compartir es fundamental.