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on muchos los testimonios que observamos diariamente en el estado Nueva Esparta, específicamente aquí en la Isla de Margarita, que la reafirman como un auténtico Paraíso de fe. La presencia de la feligresía en varias localidades insulares, el sacrificio que hacen los peregrinos para poder llegar hasta la imagen de la Virgen del Valle, de Nuestra Señora de La Asunción, El Cristo de Pampatar, Nuestra Señora de Santa Ana, son fiel reflejo de esa confianza, de ese sentimiento de fe. Oraciones, plegarias, ruegos, suplicas, lagrimas, aplausos, llanto, y la cara de satisfacción por tenerla tan cerca, por estar allí cumpliendo con la promesa, solicitando su intermediación, son pruebas del compromiso, de esa religiosidad.

En Nueva Esparta, todos los municipios, sus capitales, todas las comunidades, y hasta los más apartados pueblos tienen un Santo, una Virgen, un Patrono, una imagen, a la cual adoran, celebran y depositan toda su confianza, y a quienes ruegan interceder por ellos ante Dios. Iglesias, Catedral, Basílica, humilde capilla, altares, por todas partes, “hablan”, de esa convicción, entrega y compromiso de un pueblo, de sus habitantes. Cada espacio es arreglado y decorado con una entrega única, para recibir a sus devotos, a sus hijos, para que el más humilde tenga un espacio para rezar, cantar, y pedir vivas a la Virgen, viva Cristo.

Esa alegría, y toda la estructura, edificaciones, áreas y espacios a lo largo del tiempo, junto al Patrono, a la Virgen, a la Imagen que allí se encuentra, a los demás Santos, se han convertido en una gran riqueza espiritual, son símbolos de fe, que junto al trabajo social, cultural, a la planificación de diversas actividades, en diferentes épocas del año, son motivo para que los hijos de María, bajo esa advocación, los que adoran y confían en esa imagen se encarguen de propagar su fe, se reúnan en torno a él, o a Ella, y dejar claro que es un sentimiento, una manifestación de amor, una entrega insuperable, que con el transcurrir del tiempo se ha convertido en una razón más para darnos a conocer, para que se nos descubra. Para despertar el interés de visitar este destino, un atractivo muy especial.

El convencimiento, esa manera de manifestar su adoración, esa forma de ser de los margariteños y Cochenses, y de muchos “navegaos” comprometidos con la iglesia, con la devoción de estos pueblos, son razones suficientes para reafirmar que Margarita es un Paraíso de fe, es un territorio donde las bellezas naturales, y culturales, se han combinado con el sentimiento religioso, y ese patrimonio de fe ha pasado a formar parte de beldades que ofrecemos y disfrutamos, no solo como aspecto religioso, como gente de iglesia, sino como atractivo, como una razón más para atraer a turistas nacionales e internacionales, un valor agregado a nuestras bellezas naturales, a todo ese complejo cultural, hotelero, comercial que poseemos, donde la fe juega un papel muy importante.

Porque a pesar de todo creemos en algo, en alguien, tenemos fe, nos inspira esa formación religiosa, esa entrega. La Iglesia, toda la estructura religiosa, todos los recursos, también están puestos al servicio del turismo… Somos un paraíso de fe. ¡Bienvenidos!.