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a señora Celinda del Carmen Gil Gil, lleva más de 45 años dedicados a la venta de estampas, collares, virgencitas, y suvenir, allí a los pies de La Virgen del Valle, en un puesto que está en un espacio lateral de la Basílica Menor. “Recuerdo que comencé muy cerquita de tu casa, en el puentecito, allí compartíamos con tu mamá. Luego nos vinimos a la calzada, esa cera que está allá, señala al frente del Templo. Posteriormente a esta zona donde estaba un jardín, y los bancos donde colocábamos la bandeja donde vendíamos los artículos. Te acuerdas, me pregunta en el desarrollo de la conversión”; “pues, claro, aquí crecimos, en este Valle compartimos toda nuestra vida”. Prosigue Celinda, “luego se construyó el boulevard, pasamos allá, al lado de la plaza, se hicieron las mesas de hierro, después se cambiaron a las mesas de madera, y es lo que tenemos hoy”. Le recuerdo yo, ahora, que para venirse a este lado de la Basílica se generó una gran discusión. Un resumen en el tiempo que ha hecho nuestra entrevistada, recordando toda su vida, porque creció con sus padres, amigos, trabajando desde niña y hoy, ya jubilada de la enfermería, sigue allí, en su puesto. Toda una labor en pro de nuestro pueblo y su gente.

Celinda, como cariñosamente le hemos conocido, es una paisana, vallera, nació en la comunidad de Toporo, en El Valle del Espíritu Santo. Es la mayor de cuatro hermanos, del matrimonio integrado por Isbelia Josefina y Ovidio Mata; ambos fallecidos. Madre de tres hijos: Sixto Rafael, Franklin José, quien falleció a los 23 años, a causa de una fuerte aneurisma que no pudo superar, se complicó y lamentablemente ya no está físicamente con ella. En su relato recuerda a su hijo, la mirada se entristece, saca fuerzas, y señala. “Eso me cambió la vida, fue un duro golpe”, agrega. También es madre de Roselys, su gran aliada, está al ladito de ella y le suministra gran parte de la mercancía que ofrece a los visitantes, muchos regionales, nacionales e internacionales. “Gracias a Dios y a la Virgen del Valle, siempre se vende, no como antes, pero algo se hace. Ahora está llegando mucho turista de Colombia”, señala.

La mercancía

“Antes nos la traían importada, de Colombia, e Italia, pero ahora es diferente. Muchos collares, pulseras, llaveros, escapularios, dijes, imágenes, rosarios, zarcillos; muchos se hacen aquí, me las hace mi hija Roselys, siempre se adquiere algo importado, pero ahora en menor escala. Hay cosas que si tenemos que comprarlas a otros proveedores; pero nos ayudamos bastante con la elaboración propia”, explica.

La Virgen del Valle

“Crecimos con esta tradición, con esa fe y amor por nuestra Virgen. Acompañábamos a nuestros familiares y fuimos aprendiendo a trabajar. La Virgen del Valle es todo para nosotros. Hemos sentido su presencia, manifestamos su admiración y gratitud. A quien más vamos a querer, que a ella. La Virgen nos da salud, de comer y tranquilidad. Esto ha significado un gran esfuerzo, mucho sacrificio. El trabajo, el hogar, los muchachos, la venta, y en todas esas cosas La Virgen ha estado y estará presente. Aquí estamos cada mesa pegada de la otra, como hermanos, familia, muy unidos, no tenemos problemas, y todos vendemos, a todos nos ayuda La Virgen. Eso es grandioso”, acota.

Enfermera

Celinda, estudió la primaria en la escuela Monseñor Eduardo del Jesús Vásquez, secundaria en el Liceo Nueva Esparta, para luego convertirse en enfermera, responsabilidad que desempeñó en el Hospital Dr. Luis Ortega de Porlamar, durante 35 años. Al respecto señala: “antes había poco personal, éramos muy poquitos, pero sobraba tiempo para cubrir todas las áreas, trabajamos en varios pisos, en varios departamentos. Había un trato amable, especial. Hace días visité el hospital, y sentí mucha nostalgia, se ha perdido la mística, ese trato con el paciente, con la gente. Estoy jubilada desde hace seis años, pero llevo a ese hospital, a la gente con quien trabajé, a muchos pacientes en mis recuerdos. Fueron años difíciles, gran parte de mi vida la dediqué a la atención en el hospital y en los ratos libres, aquí en mi puesto, al cual he seguido viniendo todos los días, en vacaciones, feriados, fines de semana, fiestas del Valle, momentos en los cuales es cuando más se vende, y la familia ayudando”, agrega.

Nuestra protagonista va a cumplir en diciembre de este 2018, 65 años. La vista le ha comenzado a fallar un poco, dice, sin embargo, teje sus pulseras, hace algunas cosas, está activa. Conversa, trabaja, hace amistades, comparte con sus paisanos y agradece todos los días las bondades que le brinda la vida. Sigue ingeniándosela para cumplir con las actividades hogareñas, y no dejar de venir a atender su puesto muy cerca de La Virgen Del Valle. Muy complacido este periodista, por recordar aquellos años juveniles, esas vivencias, esos gratos recuerdos de la población de El Valle del Espíritu Santo…