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Como todos saben,
la Tacarigua de Margarita ha sido un pueblo agrícola; claro, más aún en el
pasado, pero en los actuales momentos no es raro ver sus hermosos sembradíos de
maíz, que en épocas pasadas le dieron renombre a sus laboriosas hijas, pues con
el exquisito grano elaboraban las arepas y las sabrosas cachapas, que degustaron
tanto propios como extraños, e hicieron famosas a excelentes cocineras como
Josefa “Chepona” Malaver, donde solía comer el dirigente político Jóvito
Villalba, cuando se llegaba por Tacarigua, aunque ahí no solo comía cachapas,
también saboreada sus sancochos de gallina. Pero no sólo el maíz ha dado fama a
las féminas tacarigüeras, sino que por su siembra, alguien una vez definió a los
hijos de Tacarigua como “guapos hombres del azadón y el machete”, debido al
ímpetu de como enfrentaban las faenas en el campo y más aún a la hora de sembrar
y recoger la cosecha del grano, lo cual era todo un espectáculo cuando hombres y
burros venían de los conucos cargando los sacos de maíz. Sin embargo, a pesar de
que la siembra de la planta productora de mazorcas ha disminuido, no por ello
Tacarigua ha perdido su condición de tierra agrícola que la ha caracterizado a
lo largo de su historia, por lo fértil de su campo y sus abundantes cosechas.
Tacarigua o el
pueblo de las cachapas por excelencia de nuestra Margarita, sigue ahí apegada a
sus costumbres y su tradición agrícola y sobre todo por sus sembradíos de maíz.
Por eso a la primera garúa que se asoma por sus laderas, como anunciando las
futuras lluvias, el campesino limpia y prepara su campo, para que luego el surco
reciba el maíz, que se convertirá en grandes malojales con espigas y mazorcas
con alegres barbas, cubriendo el delicioso cereal.
En fin, Tacarigua
ha vivido y vivirá por siempre apegada al maíz.
Emigdio Malaver G.
/ emalaverg@gmail.com
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