Secciones fijas

  Reportaje

José Francisco Suárez R. 


El margariteño es tan dulce como un mango du-du

Ahí mismo, en El Valle del Espíritu Santo, en esa hermosa población margariteña donde habita la Virgen del Valle, se vislumbra en sus montañas un bello color de primavera donde el impactante verdor de sus árboles cobijan con su frescura la osadía de la pujante nobleza del margariteño que cultiva en sus fundos, apetitosos frutos para vitaminizar a todo el mundo, siendo uno de estos manjares el delicioso mango margariteño que en sus diferentes variedades complacen el paladar de residentes y turistas.

Existen diferentes clases de mangos y los criollos son conocidos con los nombres de tino, briteño, o pecho de paloma, el chiquito o de bocadito y el inconfundible mango du-du, que es tan dulce como el margariteño, como una manera de contrarrestar el agua salada de sus hermosas playas que son disfrutadas por gente que vienen de todas partes del universo y que en las entrañas mismas de su hermoso mar ha sido testigo silente de una gran pasión encendida en nuestro cuerpo hasta el extremo de procrear hijos que desde corta edad se trepan a los árboles para atrapar las diferentes especies de mango que provienen del injerto con mangos criollos, tales como el mango durazno, lechosa, manzana, la manga, largo, piña, trementina e hilacha, entre otros, que son exportados a Europa donde la demanda es exigente.

El campesino margariteño se levanta muy temprano y se interna en su conuco para cosechar ricos frutos, aprovechando las bondades de su fértil terruño para después colocar el esfuerzo de su trabajo en el mercado donde se comprueba su demanda, porque sus frutos están llenos de dulzura, entre ellos el níspero, melón, la patilla, la lechosa y muy especialmente el mango du-du, que hace "ruborizar" a cualquier mujer bonita por su gusto y dulzura. Con razón el cantautor venezolano Simón Díaz, dice: "Mango de hilacha caracha/ es mi muchacha/ con esos ojos tan lindos de tamarindo/ y yo, que muero de soledad/ tengo la yegua ensillá para los dos".

Infinito placer al saborearlo hasta el extremo que si usted se comió uno, se tiene que comer dos, y si se come dos también se come tres hasta que uno se sacie y agote el deseo. Es por eso que el poeta Federico Guilermo Klinkert nos dice: "Con níspero, coco y jobito/ lechosa, mango y guanábana/ mi tierra se vuelve verde/ y mi mar azul mañana".

Cabe destacar que el mango no sólo tiene propiedades vitamínicas, sino que también tiene propiedades curativas, por cuanto las hojas del mango cocidas producen efectos positivos para disolver golpes causados en nuestro organismo y hasta son muchos los que ingieren el agua de mango para evitar complicaciones internas en su ser; siendo esto tan importante para comprobar la importancia de este árbol que para muchos son adecuados para guindar chinchorros y hamacas, aprovechando su frondosa sombra para evitar tertulias y parrandas. Al igual que son muchas las parejas de enamorados que se han jurado amor para siempre bajo una mata de mango en la Margarita de mis sueños.

En todos los pueblos de Margarita se cultiva el mango. Por eso existen innumerables árboles en las vías, calles y veredas y en el fondo de las casas no pueden faltar; porque el osado hombre margariteño, después de haber disfrutado de un suculento sancocho de pescado, de res, de gallina o después de saborear un delicioso tarkarí , suficiente para volver a la brega diaria ante la mirada complaciente de su mujer y sus hijos.

Una hermosa estampa margariteña es la que dibujan las mareras en el mercado y en las diferentes vías de Margarita, donde se exhiben mangos de todo tipo que producen admiración y sensación al turista que se embelesen tomando este jugoso fruto entre sus manos; quizás inmortalizando en su mente la grandeza de esta prodigiosa tierra del Caribe Mar, porque Margarita se puede hacer eco de la hermosa canción titulada "El manguero" que aunque se cante en otras ciudades tiene el mismo efecto para la costumbre de esta tierra de gracia que es cuna de la Virgen del Valle: "Cuando vendía los mangos/ en la carretera por la ciudad/ junto con mi negrita/ que va gritando a la vecindad/ alegre pregonaba/ llegó el manguero/ hay que aprovechar/ verde pa’ la jalea/ son del cercado/ y se acaban ya/ Vengan que llegó el manguero/ traigan niña su canasta/ a veinticinco por medio/ bien madurito/ para las muchachas".

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